martes, 31 de diciembre de 2013

Me hago el progre, luego prohíbo el aborto

Han hecho volver 30 años atrás a la gran mayoría de la sociedad española: a las mujeres. Vivíamos en un país en el que cada mujer era libre de qué hacer con su feto. Si dejar que sobreviva en su vientre con su posterior nacimiento o, si no le convenía, interrumpir el embarazo y producir un aborto. Éramos el referente europeo, éramos un país avanzado y adaptado al siglo XXI que vivimos. Muchos políticos, que están en la cúpula del poder, quieren negar esto, imponiendo medidas características de mitad del siglo XX, llegando a rozar la dictadura. Medidas con la cuales se ven reducidas las libertades de muchos sectores de la sociedad. En un principio fueron los manifestantes, con la ley anti-protesta (a la cual le debo una entrada en este blog), ahora son las mujeres. Estas mujeres que con la Segunda República consiguieron su derecho a voto, con la llegada de la democracia adquirieron la libre decisión de hacer lo que se les antoje con su embarazo, y que con la llegada de este gobierno al poder ven como les es prohibido un derecho: el aborto.

Estamos dando pasos de gigante, sí, pero hacia atrás. Nos han puesto la marcha atrás en el coche, y vamos a toda pastilla. Nos meteremos una buena castaña como no frenemos a tiempo. Este gobierno es incapaz de escuchar a sus ciudadanas (y ciudadanos, que en esto no son protagonistas, pero que tienen su papel).

Ahora es cuando el “mentecerrá” de turno (concepto de cosecha propia) dice que abortar es un delito, ya que estás asesinando a un ser humano. Primero, estas personas cuando dicen esto están muy, muy, pero que muy mal informadas y equivocadas (una hazaña muy común). Hasta determinado tiempo, el cual no es poco, el ser que se desarrolla en el vientre de la mujer no es un ser humano. Se le considera una célula, llamada “feto”. Entonces ahora interrumpe el “mentecerrá” y dice: “Pero una célula es un ser vivo”. Y una vaca también, y bien que nos comemos su carne. Y las bacterias también, y bien que nos medicamos para eliminarlas. Creo que con este argumento nos basta para desacreditar a este tipo de personas. Pero esta gente es muy cabezota, y no les basta. Por eso siguen insistiendo estos “mentescerrás”. Les daré un argumento mucho más breve y conciso. Que se imaginen que a su hija, hermana, sobrina, novia, o mejor amiga violada. Y no se demuestra que ha sido una violación. Esta mujer, no puede abortar. Otro argumento. Si el niño que crece dentro del cuerpo de la mujer tiene una malformación que puede permitir la supervivencia de la mujer y del bebé, no puede abortar. Que vengan a mi casa y que me expliquen cómo podría mantener una familia a un minusválido, después de todos esos ajustes y recortes que están realizando en las ayudas de la dependencia. Que vengan y me lo expliquen, porque no lo llego a comprender.

Hablemos ahora del personaje protagonista de esta obra: Alberto Ruiz-Gallardón. También llamado el “progre” del PP. Bueno, hasta ahora. Se vendió y se ha vendido como el más izquierdista dentro de la derecha, cosa que gustaba a mucha gente y por eso ha llegado a donde ha llegado. Pero el ansia del Partido Popular para cambiar esta ley del aborto ha llegado a nuestro querido Alberto. No sabemos si fue él el que promovió esta reforma, o fue desde más arriba, o la presión generalizada del gobierno. Tenemos dos opciones: Uno. Que haya sido así de conservador toda su vida, y que para ganarse el voto de la juventud haya adquirido una postura menos conservadora. Y que ahora haya dado rienda suelta a su personalidad más pepera. O dos. Que la ambición del gobierno del Partido Popular haya hecho un lavado de cerebro a Gallardón, que hace que ahora se crea el más conservador del país. Que en estos momentos roza el título.

Luego ves a los países de alrededor mandar cartas formales a la Moncloa, quejándose del retroceso realizado, reclamando la permanencia de esa libertad y derecho de las mujeres. Esas mujeres, que tendrán que volver a hacer lo que nuestras abuelas. Tendrán que hacer un viaje a otro país y pagar a una clínica privada (para muchas un hecho impermisible por la situación económica).


Para terminar, quería destacar una imagen. La de las mujeres diputadas del Partido Popular. Aplaudiendo en el Congreso de los Diputados su propio recorte de derechos. Cómo se nota que son señoritas de familia bien, y que nunca tendrán ese problema que aparentemente sólo tienen las mujeres barriobajeras. No lo digo yo. Lo dice esta imagen.


sábado, 2 de noviembre de 2013

Fotografío, luego existo - "El cámara y la cámara"

¿Quién es capaz de recoger un momento de la vida con toda la realidad posible  en una simple fotografía? Ese es nuestro personaje. Un carrete, un objetivo, un flash, un trípode y varias piezas de plástico son su vida. Os sitúo un poco: nuestro personaje es un fotógrafo, y no un profesional cualquiera, sino una persona capaz de meter instantes de la rutina en un cilindro de plástico. Él trabajaba en su vida, sí, en su vida, porque él siempre ha considerado la acción de hacer fotos una función vital más, sí, de esas que se dan en biología. Pertenecía a una revista, en la que tenía una sección y mostraba al mundo sus instantáneas. Como reportero gráfico que era, le mandaron un mes al Cuerno de África, una de las partes del mundo con más hambruna, ha hacer un reportaje para la entrega de la revista al mes siguiente. Llegó a allí, y nada más bajar del avión vio la gran miseria que se extendía por el pobre aeropuerto. El editor le preparó una ruta de poblados para recoger lo máximo que existía allí. En la calle se veía a la gente en movimiento, pero conscientes de que su vida podría terminar en tres días sin alimento. Las niñas tenían la cara delgada y los bebés sufrían, la mayoría, una desnutrición importante.

Empezó su ruta durante un mes, de poblado en poblado, y él iba apretando el botón de la cámara para hacer una fotografía a cada cosa que pensaba que el mundo debería conocer. Cada anciano que contemplaba la pobreza que asolaba a su poblado, cada niño que se asomaba a la ventana al oír que venía un extranjero con un cacharro muy lejos de su alcance, y que seguramente costaría más de lo que ganaría esa persona en toda su vida.  Llegó a un poblado nada particular para él, porque prácticamente todos eran iguales, pero él siempre pensaba que aunque las cosas se parezcan, puedes sacarle una diferencia o algo sorprendente que no tiene la otra, y aquí le pasó precisamente eso. Paseando por las callejuelas de allí, con cámara en mano, encontró a una niña que le llamó la atención. Era una niña guapa, con ojos negros, un pelo precioso, pero delgada y con unas ganas de comer increíblemente grandes. El fotógrafo le hizo varias instantáneas: de cerca, de lejos, segundo plano, plano americano, y todos los planos que puedan existir en el mundo fotográfico. Hizo, incluso migas con aquella jovenzuela, y pasaron un largo rato hablando, y claro… el intérprete siempre andaba por allí. Le contó que padecía una enfermedad muy extraña, que sólo se había dado en ciertos puntos del Cuerno de África, y por eso no había llegado a los países ricos. También hablaron sobre cómo había ido evolucionando esto: la pobreza que asolaba a aquella parte del continente africano. Llegó a un momento que el reportero perdió la noción del tiempo y aquello empezaba a oscurecer. Se tuvo que despedir de la niña, que contaba que tenía esperanzas de seguir viva por lo menos un mes más, pero el fotógrafo sabía que eso no iba a ser así, y que no duraría ni una semana como no se pusiera en manos de un especialista. Ya el último día, se le ocurrió repasar las cientos de fotografías que había recogido durante treinta días, y tenía un trabajo que valía la pena enseñar a cualquiera que pasara por allí, pero no lo hizo, se lo guardó hasta llegar a España.

Llegó a Barajas, y se tomó unos días libres después de haber trabajado un mes sin parar, pero en realidad, tenía ganas de enseñar su trabajo al editor jefe de la revista. El día que le tocaba volver a la odiosa rutina, fue con un Pen Drive al editor, y le mostró por primera vez a una persona su trabajo en mucho tiempo. El editor le felicitó por su trabajo, y le comunicó que la junta directiva había pensado hacer un fascículo Especial con sus fotografías. Más tarde, el mismo editor jefe que le había comunicado lo del fascículo, le habló sobre hacer una exposición en una sala muy conocida en Madrid. El fotógrafo se lo pensó, y decidió aceptar la propuesta de su jefe. La inauguración de aquella exposición no tardó en hacerse, y no se esperaba mucha gente, así que, se hizo lo más sencilla posible. Pero eso no surgió así. Vino gente de todas partes de Madrid, de alguna parte de España, e incluso algún extranjero se dejó caer por allí. Su exposición tuvo un éxito mayor del esperado. La joya de la corona de aquel conjunto de instantáneas fue una foto de aquella niña guapa, pero a punto de morir por su enfermedad. La gente entraba y salía de la sala, había más o menos gente, pero esa foto siempre tenía gente a su alrededor.  Lo que él no sabía es que allí asistió un grupo del jurado de un concurso fotográfico muy importante alrededor del mundo.


Un día de éstos, que piensas que no va a pasar nada y que va a ser un día más en tu repetitiva rutina, sonó el teléfono del fotógrafo. Era el portavoz del jurado del certamen, la cara del fotógrafo cambió por segundos de una cara de recién levantado, a una cara de una persona que ha ganado la lotería. El jurado le había concedido el primero premio por la foto de la niña de ojos negros. Le comunicaron que el viaje y los gastos lo cubrían ellos, y se fue para allá, hacia Berlín. Allí recogió su premio, y lo dedicó a todos aquellos que vio pasar hambre en el Cuerno de África… el público emocionado le  aplaudió merecidamente. Luego en rueda de prensa, explicó sus treinta días y treinta noches en aquel lúgubre lugar, donde los pobres eran muy pobres. Pero llegó a una pregunta de una joven, que decía: “A usted le contó qué enfermedad tenía ¿no? Y que se estaba muriendo de hambre… ¿Hizo algo para evitarlo?” Entonces el fotógrafo se quedó con la mente en blanco, se quedó reflexivo durante un momento, y luego respondió con cara de arrepentimiento eterno: “No, no hice nada, y ahora me arrepiento como nunca lo había hecho en mi vida”. Ese remordimiento le persiguió durante unos días, y no podía de pensar si aquella chica había muerto o no, y si era afirmativo, qué sería de ella si habría hecho algo. Entonces se le ocurrió algo, allí conoció a mucha gente de ONGs de todo el mundo. Se propuso a él mismo, ir al Cuerno de África con alguna que otra compañía de misionero, eso sí, con la cámara en mano. Y así fue, llegó a allí con más ilusión de la que volvió, y con aquel cacharro que hacía instantáneas vivió gran parte de su vida allí, entre los más desfavorecidos, haciendo una buena acción por la humanidad. 

sábado, 19 de octubre de 2013

Desahucio, luego existo - "Un drama social"

Nació el 28 de Julio de 1975, en el Hospital la Princesa, en el centro de la capital española: Madrid. En su ficha de nacimiento ponía que su nombre era Carlos Rodríguez Mateo, pero desde que vino al mundo todo el mundo le llamaría Charles. Nació en el seno de una familia de alto rango económico, sin aparentes problemas. Vivirá en un chalet a las afueras de Madrid y estudiará en un colegio privado, con uniforme y actividades extraescolares de todo tipo, teniendo una vida escolar de lo más acomodada y ajetreada. Luego pasará a un instituto concertado, donde hará sus verdaderas amistades y aprenderá la mayoría de las cosas para poder sobrevivir en la sociedad de los años 80. A partir de dicha década se desata una crisis económica que afectará a toda España, los precios suben, el paro sube, y los sueldos disminuyen; esto obliga a los padres de Charles a meterlo en un instituto público, donde tendrá pequeños problemas de adaptación, pero que poco a poco irá ajustándose a este tipo de educación más precaria que a la que estaba acostumbrado. Terminó con pocas dificultades BUP y más tarde COU, se graduó y comienzó una nueva etapa de su vida en la universidad, donde estudiará Derecho. A su misma clase de Historia asiste Marta, con la que saldrá durante meses y posteriormente se casará. Marta es una chica de familia ordinaria y normal, con padres funcionarios y con un apartamento en Alcalá de Henares, en una posición social más abajo que Charles; había estudiado en el colegio e instituto público de su ciudad, en aquel momento era un lujazo para su familia que pudiera ir a la universidad. Con ella pasará momentos inolvidables dentro y fuera del campus. Se independiza de sus padres, deja de vivir en ese “chaletazo” a las afueras de la capital para vivir con Marta en un ático en la Gran Vía de Madrid, un pisito al estilo de los catálogos de IKEA. Hasta ahora los padres de Charles pagaban el alquiler de su piso, pero el padre se jubiló, y la pensión no le llegaba para pagarle a su hijo el alquiler, cosa que le obligó a buscar trabajo. Hasta entonces vivía como un rey: se había sacado la carrera de Derecho, tenía su titulación, tenía su piso, tenía a su novia, pero no contaba con la jubilación de su padre; era simplemente un “niño mimado”.

Entrábamos ya en el nuevo siglo, con nuevas inquietudes, con el supuesto “Efecto 2000” que paralizaría a todo el mundo digital. Charles tenía trabajo en un buffet de abogados, cerca de su casa; Marta también encontró trabajo, como dependiente en una tienda de moda. Con la llegada del Euro se casaron y tuvieron dos hijas: Carlota y Marta. Las primeras ojeras y arrugas ya iban apareciendo con la llegada de las niñas a aquel apartamento, que ya habían hipotecado. Las niñas tuvieron una vida similar a la de su padre Carlos: guardería y colegio privado de uniforme y actividades extraescolares de todo tipo. La casa fue acomodándose a las necesidades de las dos pequeñajas, el salón se llenó de juguetes, en la cocina dominaban los potitos y los biberones, y en aquella habitación que estaba llena de trastos cuando vivían solos ahora habían dos cunas y dos cambiadores. Aquella familia era feliz.

Llegó 2008, las niñas entraban en el colegio por primera vez después del verano, Carlos y Marta vuelven al trabajo, y una crisis económica estalla en Estados Unidos, la burbuja inmobiliaria explota en España, el paro empieza a aumentar, las bolsas se desploman y aparece un nuevo término en la vida económica: la prima de riesgo. La sociedad española empieza a decaer de una forma abismal y varios países de la Unión Europea son rescatados. La familia Rodríguez contempla esta crisis sin que afecte demasiado a su situación económica. El sueldo de Charles se mantiene, pero a Marta le disminuyen las vacaciones y no cobra horas extras. Algunos caprichos de Carlota y Marta ya no podían ser posibles. Conforme van pasando los meses, la hipoteca sube, y Charles empieza a tener pequeños problemas con su trabajo: le quieren aumentar el horario sin un aumento de sueldo. Al final, Charles casi no veía a sus hijas entre semana y tenían pequeños problemas para llegar a fin de mes. La tienda en la que trabaja Marta cierra, y Marta se une a los millones de parados que existían en toda España en aquel momento. Charles y Marta nunca lo habían pasado tan mal económicamente hablando. El padre de Carlos fallece poco después de que Marta haya sido despedida, ya no contaban con el pequeño apoyo económico que tenían de su padre. Las cosas se iban complicando, y se ven obligados a sacar a sus hijas del colegio privado y meterlas en el colegio público del barrio; las niñas estaban viviendo una situación similar a la que vivió su padre en los años 80. Conforme pasan los meses el sueldo de Carlos va bajando, hasta llegar al límite de ser despedido con un ERE de su empresa. Ahora mismo, los Rodríguez eran una familia con todos sus componentes en paro, al igual que un gran porcentaje de familias españolas.

La cosa se fue estabilizando, y los dos cobraban el paro mensualmente, pero a Marta le quedaba un mes de desempleo: tenia que conseguir un trabajo urgentemente. A Charles y a Marta no les podía ir peor aparentemente. Amanece una mañana cualquiera, Marta se encarga de llevar a sus hijas al colegio, y Carlos empieza una nueva jornada de reparto de currículums por la zona y más allá. Cuando Marta llega a casa, recoge las cartas, todo son facturas, facturas y más facturas. Pero hay una carta diferente, una carta del banco. Marta la abre, y lee lo peor que podía leer en aquellos momentos… El banco iba a retirar su vivienda el próximo 15 de octubre de 2012 por el impago de la hipoteca; en un dialecto más común: iban a ser desahuciados. El mundo se le cayó encima, no pudo resistirlo y se echó a llorar al sofá. ¿Quién diría que llegarían a esta situación? Llevaban años viendo en la tele los desahucios y pensando: “menos mal que no nos pasará a nosotros”, y la realidad había llamado a su puerta. Llegó Charles a casa, y la noticia hizo efecto similar que a Marta, los dos estaban desolados… ¿Dónde irían a dormir a partir del 15 de octubre?


Llegó el día, marcaba en el calendario 15 de octubre. La familia Rodríguez no pensaba irse de su casa, ni mucho menos. La policía llegó puntual, pero una masa de gente intentó impedir el desahucio, todos ellos llevaban carteles y pancartas con el lema “Stop desahucios” y frases originales contra los bancos, pero aquello no sirvió de nada… La policía los echó de su hogar a la fuerza, dejando atrás tantos y tantos recuerdos que la hipoteca sin pagar se había llevado. Ahora la familia Rodríguez vive en un piso prestado de un amigo de Carlos, pero Marta ya no tenía ingresos y a Charles le quedaba apenas tres meses para agotar el desempleo. Esta situación la viven hoy en día miles y miles de familias en España, es un drama social. Al día se producen alrededor de 300 desahucios en toda España, al día alrededor de 300 familias se quedan sin casa, al igual que Charles, Marta, Carlota y la pequeña Marta.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Madrid 2020, luego (ya si eso) existo

Madrid,... ¿dónde está ahora ese olimpismo tan prometido y asegurado? Ayer, iba a ser el gran día de la capital española, el día que iba a salir como la ciudad que albergaría los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de verano de 2020. Una semana de reuniones, ensayos, y discursos prometedores. ¿Para qué? Pues para decir que eramos la mejor candidatura, que teníamos las mejores infraestructuras, el mejor apoyo ciudadano (a pesar de que días antes, era Trending Toppic tuits en contra de la candidatura),... Ese "esfuerzo" se hizo en vano, por tercera vez. (Tokio salió como vencedora, pero de eso hablaremos más adelante) Y digo "esfuerzo" entre comillas porque más que esfuerzo era "interés" ¿económico? ¿político? ¿social? Pff. Ni idea. Nadie lo sabe. Pero tenían mucho "interés" en ganar esa candidatura. ¿Quién? Pues Ana Botella (conocida como Anne Bottle en las redes sociales por su espectacular inglés y su acento nativo #IroníaOn). Sí, la alcaldesa de Madrid tenía mucho "interés" en ganar los Juegos Olímpicos para su ciudad. ¿Por qué? Ella no salió de la decisión de los ciudadanos con elecciones democráticas, ella es la sustituta de Gallardón (ahora ministro de justicia) elegida a dedo. Si ganaba los JJOO supuestamente también se ganaba la alcaldía para las próximas elecciones municipales. Lo mismo pasaba con Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid, sustituto a dedo de Esperanza Aguirre.

Desde hace una semana (o incluso más) la delegación madrileña iba fardando de ser la mejor candidatura, y esta era la que mejor sensaciones le causaba comparando con la dos anteriores (para 2012 y 2016). Vamos, que habríamos salido vencedores seguro. Madrid presentaba ayer ante el COI un plan estratégico austero y compacto. Intervinieron, entre otros, Alejandro Blanco (presidente del Comité Olímpico Español), Anne Bottle y su "relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor, Pau Gasol bromeando con los serios y prepotentes miembros del COI, el Príncipe Felipe que fue a mi gusto la mejor intervención de todas y nuestro queridísimo y apreciado presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con un tono de dictador gritón dio una especie de mitin explicando los datos económicos de España.
Antes de nosotros presentaron su proyecto los tokiotas. Diapositivas modernas, infraestructuras modernísimas, narradores modernísimos,... Vamos, presentaron un Tokio moderno. Y tanto que se llevaron los juegos para 2020. Empezaron con el accidente nuclear de Fukushima, diciendo que estaba controlado y le dieron la vuelta a la tortilla diciendo que los juegos iban a ser un impulso de optimismo después del accidente. Salió una paralímpica, hablando con gestos muy exagerados y forzados, y básicamente explicó su vida y su lucha contra el cáncer ¿para dar pena? Aunque suene muy cruel... yo creo que sí, que salió a dar pena, básicamente.

Y antes de Tokio hablaron los turcos, Estambul. La candidatura que "supuestamente" (y siempre con comillas) era la peor e iba a quedar eliminada a la primera ronda.

Ahora todo el mundo tuitea y dice cosas como "Pues que ahora inviertan el dinero en lo que más necesitamos: sanidad y educación" ¿En serio? ¿En serio os creéis que la panda de inútiles que ha llevado a Madrid hasta Buenos Aires para presentarse a los JJOO de 2020 van a destinar todo el dinero que ya no se va a gastar a sanidad y educación? Si creéis que va a ser así, os vais a llevar un chasco. Y que no os extrañe si hacen más recortes.

Los miembros del Comité Olímpico Internacional se guiaron por varias cosas para no votar a Madrid (o al menos eso pienso yo). No lo votaron porque para 2024 se presentarían las grandes capitales europeas (Berlín, París y Roma), y claro, casi la mitad de los miembros eran europeos, si elegían a España (el país odiado por excelencia en Europa) la rotación de continentes no beneficiaría a ninguna candidatura europea en 2024. No lo votaron porque los del COI se mueven básicamente por impulsos económicos, y Madrid, en  plena crisis económica... no les salía rentable. Y no lo votaron porque después de oír hablar a Anne Bottle en su inglés de cuentacuentos... dijeron, hasta aquí hemos llegado.

Y ahora ¿qué? ¿Madrid 2024? No, gracias. Varios españoles ya hemos caído en la tentación de ilusionarnos con un proyecto que más o menos, como decían en la presentación, "Make sense" - "Tenía sentido" (sin quitar las comillas, nunca). Personalmente paso "olímpicamente" de los miembros del Comité Olímpico Internacional, que juegan con las ciudades candidatas como si fuera un juego de mesa. Y también paso (y aún más) "olímpicamente" de los políticos paletos que nos hacen creer una cosa, y luego en realidad nos pegamos el batacazo y es otra. En resumen... Madrid 2024 no.

¿Conclusión? Pues que con un logo que parezca que pone 20.020, con muy poco dinero, con una delegación de políticos patética y con mucha ilusión, no se pueden ganar unos Juegos Olímpicos para tu ciudad. Algunos diréis "Pero si eras tú el que tuiteaba y estaba super motivado con..." Sí, y tanto. Pero ahora me doy cuenta de que muchas cosas no tenían sentido, y ya sabéis... "Rectificar es de sabios" dijo un sabio, que seguramente tuvo que rectificar la frase.